Los 7 pecados capitales de las mujeres en una relación

Keith Ablow, uno de los más famosos psiquiatras por su exposición en talk shows, determinó las situaciones que se viven en una relación amorosa que tienden a complicar el vínculo
El problema principal radica en un solo factor, por lo general, y tiene que ver con cuando ellas comienzan a sentirse cómodas, demasiado cómodas. Es fácil reconocer pues a una mujer que está comenzando una relación amorosa, puesto que seguramente cumple a la perfección con todos los rituales para sorprenderlo y dejarlo sin aliento. Hasta que todo se vuelve rutina y ellas comienzan a dejarse estar… total, “ya lo tenemos con nosotras”. Pero no todo es como parece. Por eso es fundamental prestar atención a estos siete pecados que el célebre psiquiatra Keith Ablow describe, consignó el diario Corrientes Noticias.
1 – Hacerle los mismo regalos que le haría su mamá – Las mujeres que disfrutan regalando un cepillo de dientes o unos “hermosísimos” boxers están haciendo las cosas mal. Conocer algunas intimidades higiénicas del otro no implica que eso sea algo seductor. Todo lo contrario. Él pensará: “¡Para eso estuvo mi madre durante muchos años!”. Pero quizás no diga nada, lo cual será peor. Hay que regalar cosas que expresen romanticismo, dice el especialista, pero aclarándolo si es un objeto border, como ropa interior.
2 – Cepillarte los dientes con tu pareja… o depilarte – No es lo más recomendable que tu chico te vea pasándote el hilo dental o untando tu cuerpo con cera para que después des tirones sobre tu piel para arrancarte pelos sin inmutarte. Mantener el misterio sobre cómo estás espléndida es uno de los secretos para que no se pierda la magia de una pareja.
3 – La rutina sexual – Después de conocer al pie de la letra lo que vuelve loco al otro, uno a veces se limita a repetirlo hasta el hartazgo, ya que es una fórmula que sirve. Pero no. Hay que buscar experimentar mucho más. Ablow dice: “No creas que sólo porque tienes sexo con tu pareja sabes exactamente lo que ese hombre quiere en la cama”. A veces los hombres que engañan a sus mujeres es porque no encuentran la suficiente osadía sexual en su casa. “Vamos a escribir en una tarjeta nuestras fantasías sexuales más locas, y luego las intercambiamos… aunque nunca las hagamos realidad”, dice Ablow que le digas a tu chico.
4 – Caminar desnuda por la casa, todo el tiempo – Hay que reservarle al hombre esa espectacular visión sólo a los momentos adecuados para que no se pierda la magia en la relación. Según el psiquiatra, “la desnudez debe estar sólo conectada al sexo”. Es más, en lo posible sería bueno evitar que tu hombre te vea vistiéndote. Que te vea desnuda sólo para tener sexo, nada de que te vea leer sin ropa.
5 – Revelar los defectos – No hay necesidad de decir cuáles son nuestros verdaderos defectos personales o físicos si no son verdaderamente serios y afecten la salud significativamente. Siempre es bueno preguntarse si el comentario que se está a punto de realizar lo hubiéramos hecho en la primera cita. El momento crítico de una pareja es cuando se comienza a sentir cómoda con el otro, porque es el momento en que se empiezan a cometer errores y el otro nos ve descarnadamente como somos… si se lo mostramos y queremos espantarlo.
6 – No cuidarse lo suficiente a la hora de vestir – “El irse a dormir con un jogging y una camiseta vieja es tentador, pero hace que el cuarto sea cada vez menos mágico”, advierte Ablow. El creer que el amar a una persona es directamente proporcional al atractivo sexual es un error gravísimo y muy frecuente. Se recomienda pues no dejar de lado esa lencería erótica de los primeros encuentros e incluso innovar con alguna que otra cosa. Enviar el mensaje rutinario de “otra vez vamos a hacerlo”, es decepcionante. Cada encuentro debe ser especial.
7 – Todas las noches con él – Si uno no logra despegarse del otro, estará en problemas pronto. Eso enfría demasiado la pasión. Ablow sugierre que “la mujer tiene que insistir para que el hombre cree su espacio individual, porque no todos los chicos saben cómo hacerlo”. Mantener vivo el deseo de ver a la otra persona se da únicamente si no estamos todo el tiempo con él.
“Salir una vez por semana es saludable” dice Ablow.