Experiencia conciente con Ayahuasca (Cusco, Perú)

Cusco, Perú. 10 de Enero de 2009. En la noche de hoy sábado, comencé mi primer experiencia con la planta de poder ayahuasca. Es un instrumento, una planta endógena para vivir experiencias internas, de miedos, de arquetipos, o de limpieza psicológica. Los chamanes la usan como medicina curativa segun me dicen Erick y su esposa, la pareja a cargo de esta experiencia. Como requisito, una semana sin comer carne ni tener sexo, y un camino de instrospeccion interior, para lo cual, el viaje al Machu Pichu vino perfecto.
Llegué a la cita sin preconceptos y sin esperar nada, incluso aceptando que podría no pasar nada. Solo quería escuchar lo que mi inconciente me decía.
Luego de la ingesta de la preparación, la espera fue de media hora aprox., sin síntomas de nada, hasta que de a poco comencé a percibir presión sobre mi mente, un leve mareo o desvanecimiento hacia los lados. Un desplome del cuerpo que se tornó sensible, como viviendo en una burbuja, de la cual podía salir usando el movimiento de mi cuerpo, segun pude sentir, pero no deseaba hacer. Un sonido, ‘Plop!’, se producía al re-ingresar al cuerpo sensible : se me ocurre que la muerte es como este estado, pero sin ninguna posibilidad de volver al cuerpo ya perdido para siempre.
La primer visualización son formas geométricas 3D como laberintos en esferas. Luego me moví para percibir, no con el cuerpo, sino con la mente. Fuí planta de poder ayahusaca, viviendo en el desierto y sintiendo la vida vegetal de ella. Fuí un apu, montaña, sintiendo el paso del tiempo y cómo recibir viajeros ; tambien percibí el dolor que me causaban los mineros que querían agujerear mi cuerpo de granito. Fuí inti, sol, ví el mundo, cobijé al mundo. No fuí hombre.
Luché con la muerte : un calamar gigante y negro, frío, omnipresente, negro profundo, que me decía que me dejara ir, si yo sabía que me gustaba morir. Me reí. Pero costó mucho dejar ese estado y sus sensaciones. La conversaciones con cada cuerpo que tomaba, implicaba una decisión. Y mientras era sol, vomité : Ví toda la carne roja que comí en mi vida, asquerosa, asqueante. Decidí sentimentalmente jamás volver a comer esa carne.
Hubieron mas diálogos que se sucedieron, y la experiencia iba pasando poco a poco. Un larguísimo despertar al cuerpo, ya que no quería volver, no quería dejar esa realidad aparte. Mas enseñanzas y decisiones sobre mi hijo (para que tome todo lo bueno que vea en mí, puesto que seré su maestro en todo lo que él me copie). Me ví como ánima, como pachamama, embarazada, con la panza formada. Uno con todos.
De esta experiencia rescato las decisiones y el que NO hay vuelta atrás. Cada paso de conciencia, al igual que en el Camino Inca, no tiene vuelta atrás, no hay posibilidad alguna de no seguir otro camino fuera de la conciencia. Y más aun, con el ánima y el ánimus juntos para podre lograr esfuerzos inconcebibles. Ser hijo del padre y “Él nos dará a conocer realidades inconcebibles” tal como Erik leyera de la Biblia como fin de la ceremonia.
Gracias.