Cuento de Ciencia Onirica , #1: La Sacerditosa del Llanto


Este cuento, al contrario de la Ciencia Ficcion, proviene de la Ciencia Onírica, que por cierto no es ciencia. A falta de un mejor término, y para ubicarlo entre la fantasía conciente, el sueño inconciente, y la realidad física, pues creo este rango. Aquí va este cuento, titulado “La Sacerditoza del Llanto” .

  “Ellas, las 4 ánimas, tenían su vivero en lo alto de la colina. Cultivaban solamente amapolas blancas, cuidando de ellas desde su etapa de semilla hasta su maduréz como planta. Cuando ese día, por accidente, ingresé con mi amigo a su vivero, supe que eso, fuese lo que fuese de lo que ese lugar se impregnaba, tenía que ser mío, debía conquistarlo. Eso. Ellas. A ellas. Y sus amapolas blancas.
  “Robemos cada uno un tallo antes que nos vean” – dijo mi amigo y así procedimos. Y tan pronto las arrancamos, una de las cultivadoras se percaptó y gritó para que corriéramos.
  “Alto ahí! No se roben mis flores! Alto! ” – dijo.
  Nos dimos en fuga arrojando los tallos. Y fué espantoso. Sentir eso fué horrible. Robar no es conquistar – me dí cuenta. Y detuve mi carrera ; mi amigo siguió corriendo.
  Llovía. A mi izquierda, una figura sentada en una silla me observaba. Una tarotista. Magnetizado por el cosquilleo de mi lado izquierdo del cuerpo, me acerqué. Y le pedí me hiciera una tirada de una carta; al sacar, emergió LA SACERDOTISA. Y mis ojos viajaron. Era ella. Todas ellas eran ella, una en todas.
  “El amor conquista” – me dijo ella – “Se generoso” – agregó.
  Me dí media vuelta y volví al vivero, lentamente. ¿Qué hacer cuando uno yá tiene una respuesta? Pues vivirla. 
  Ingresé entonces al vivero. La llovizna se había detenido. Una por una, fuí hacia ellas. Apenas mirarme, se sorprendían y exclamaban :
  “Lo hizo!” 
  Sin decirles nada, mi corazón les hablaba, y sin palabras les decía lo mucho que las amaba. Que deseaba casarme con ellas. Besé a todas, y fuí besado por ellas. Todas se hicieron una. Y la sacerdotisa colmó mis ojos, mis labios, y mi piel. Mi corazón.
  ¿Qué hacer cuando uno no tiene ninguna respuesta? Pues vivir la paradoja.

  Martin D Cernadas, Junio-2010.