Cuento de Ciencia Onirica , #2: La Ansiedad del Árbol que no es Nube

  Corría el día viernes. De esto, hace un par de días. Hacia mucho , mucho tiempo que no me angustiaba un viernes. Tanto que tardé un par de días en bajarlo…. por escrito.
  Sucedió que me dí cuenta. Mis ojos interiores se abrieron. De pronto supe que toda mi vida, todos los días de mi vida, había sido un perfecto seguidor, un segundón, alguien que sigue a otro. Eso que yo me creía, la máscara, la personalidad, la imágen, esa cosa que relucía hacia afuera era solo la fachada de mi ser supremo, ése que siempre esta desnudo, como loco, saliendo de una cueva, y un perro por compañía. 
  El sol de Zaratustra me pegaba en los ojos. “¡Qué sería de tu felicidad, oh radiante astro, si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!”  Cómo me hubiera gustado espetarle, con palabras mias. Como tantas otras veces. Siempre palabras de otros, que antes supieron conseguir.
  Y ahí y entonces me dí cuenta que nunca yo había sido por mi mismo, mas que un seguidor de otros locos vagabundos errantes, propios y plenos de vida en sí mismos. Y yo, títere de mi titiritero, burgués de mi confort promedio, de pronto lo supe y la angustia me carcomió, tocado en el ego mas profundo, de ese viernes venusino (por supuesto !) . 
  Y la paradoja fué completa. Vivir sin sentido alguno puesto que cada cual vive los significados que consigue para sí. Vivir sin anteojeras teledirijidas, predeterminadas, apto para todo misterio magico que sucede si tiene ganas y sino nó.
  Que jodida la angustia de los viernes , por favor! Me temblaron las manos y empecé a sudar.
  Pero por suerte o nó eso yá sucedió.  Ay por favor, si todavia puede recordar y resentir los espamos del embate en mi cabeza! Pero ya pasó, sí. Hace 2 días y un poco más.
  Decanto para recordar , y no olvidar :   Que el astro sol no necesita a nadie para su felicidad. Y que si el árbol cae en el bosque y ningún humano lo escucha, su sonido tendrá sentido para sí mismo, y no necesita auditorio que lo llore ni vea.
  Cuando sea , quisiera ser un árbol : Raíces en lo profundo de la tierra, luego un cuerpo erquido , erecto, hacia el cielo, y mis dedos-hojas tocándose con las nubes, queriendo ser con ellas en una sola unidad monumental. Charlando con otros árboles cuando el viento sople y nos aproxime, hoja-a-hoja, eco-a-eco, silbido-a-silbido, sombra-a-sombra, viento-a-viento.
  De momento me queda la ansiedad de los viernes del árbol que no es nube, porque es humano, hasta donde sé y de momento.

  

Referencia: Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche
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