El Agua como Tema de Seguridad Nacional


El Agua como Tema de Seguridad Nacional

Resumen del original publicado por Sofía Jarrín en EcoPortal

Si en la próxima década no se toman medidas, el calentamiento global podría ser irreversible, y una de las principales consecuencias será la escasez del agua. A esto hay que añadir el uso desmesurado del agua y su creciente contaminación por la industria, el agro negocio y los centros urbanos. Aquellos países de mayor población y con mayor poder militar, ya están tomando medidas para controlar los recursos del agua a nivel mundial, y deberían considerarse como una amenaza real o por lo menos, una seria advertencia. La vulnerabilidad del agua en nuestros países, debe pasar a ser parte de nuestra seguridad nacional.

En casi todo ámbito se ha hablado sobre la guerra del petróleo, pero poco se habla de la guerra del agua, la cual empezó ya hace varias décadas.
Cabe mencionar algunos casos evidentes como el reciente conflicto en Libia que dio control a la OTAN del mayor yacimiento de agua del mundo, el Sistema Acuífero de Piedra Arenisca de Nubia.[1]  
Para todo consumo humano, agrícola e industrial, contamos solamente con un 2.5% de agua dulce disponible (incluyendo ríos, lagunas, agua subterránea y de glaciares). El 97.5% restante corresponde al agua de los mares y la atmósfera. El acceso por país al agua dulce, como lo muestra la Figura 3.1, varía mucho entre países vecinos, y depende mayormente del impacto climático y manejo del agua a nivel local.

El “estrés del agua” se sentirá para el 2030 en África y Asia y a partir del 2050 en el resto de continentes, según la UNESCO, la cual pronostica un aumento del 19% en el uso del agua solamente en la producción agrícola.[3] De ahí que la recomendación de su informe de este año, “El Manejo del Agua en [Tiempos] Inciertos y de Riesgo”, es de proteger el agua para consumo humano y seguridad alimenticia, principalmente.
Entre algunos de los aspectos más importantes del informe de la UNESCO para los países andinos, cabe destacar la vulnerabilidad de los glaciares y particularmente, los recursos de agua subterránea, las cuales proveen con “casi la mitad del agua para el consumo de la población”. Las aguas subterráneas son no-renovables y cada vez más vulnerables a la contaminación. El Centro de Modelos Hidrológicos de la Universidad de California, corrobora esta información al detectar en un estudio satelital junto con la NASA, que el agua de los acuíferos a nivel mundial está disminuyendo en cantidades alarmantes. “La gente está usando el agua subterránea más rápido de lo que puede rellenarse naturalmente,” aseguró Matthew Rodell, uno de los científicos del estudio.[4]
Paralelamente, en un informe publicado por la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) en diciembre 2011, se habla que un 14% de la población en América Latina (71 millones de personas) no tienen acceso a recursos de agua seguros. Y se estima que para el 2025 unos 77 millones de personas más sentirán “estrés del agua”, siendo su escasez uno de los principales problemas sociales del continente. El informe concluye, “Todos estos impactos resultarán en serias consecuencias no solamente para los derechos humanos, como el acceso al agua, sino también para los derechos alimenticios, a salud y vida, que los gobiernos deberían tomar en cuenta cuando planifiquen hacia el futuro.”[5]
¿Seguridad Nacional?
En cuanto a seguridad nacional se refiere, varios países ya han empezado a tomar precauciones en lo que ven como una inevitable crisis del agua a nivel global. Entre estos cabe recalcar Estados Unidos, Canadá y China, con una estrategia enfocada mayormente en la administración privada (mediante grandes corporaciones) del agua, con una creciente y peligrosa mercantilización de este recurso vital.
Canadá, por ejemplo, cuenta con una privilegiada situación en cuanto a acceso a recursos del agua (estimada en 20% del agua fresca a nivel mundial), lo que ha generado un intenso debate a nivel nacional sobre su explotación y exportación a países tan lejanos como los del Medio Oriente y Asia. Bajo NAFTA, el agua fue calificada como un modo de inversión, y más de una vez, la sociedad civil ha debido movilizarse para frenar la exportación de grandes cantidades de agua del Canadá.[8]
En el caso de los Estados Unidos (el país de mayor consumo de agua dulce del mundo), el Departamento de Estado hizo público un informe “Global Water Security” (Seguridad Mundial del Agua) donde admite que en los próximos 10 años la crisis del agua creará inestabilidad mundial, particularmente en “estados fracasados en regiones claves” para la seguridad nacional de los EE.UU.[9] El informe prevé que el agua a futuro será utilizada no sólo como una palanca política entre países, sino como un “arma de guerra” donde un país podría suprimir el abastecimiento de ríos y recursos naturales del agua hacia un país vecino.
En la China, la severa crisis del agua ha llevado a su gobierno a optar por la solución más ambiciosa: la adquisición de tierras en el exterior para la explotación del agua. En este país el sobreuso de agua industrial y agrícola, ha contaminado siete de los ríos más grandes de la China, así como 25 de los 27 lagos principales. Trece por ciento (o 15.3 millones de hectáreas) de las tierras para labranza sufren de sequía. Cuatrocientas de las 600 ciudades en la China, sufren de cortes de agua.[11] Ya que los sistemas de conservación del agua obviamente han fallado en la China, el gobierno está optando por medidas extremas, entre ellas, el Proyecto de Transferencia de Agua Sur-Norte, para trasladar 3.9 trillones de galones de agua a través de un masivo sistema de túneles y canales, del Río Yangtzé a las regiones sedientas del norte. La segunda opción ha sido una compra agresiva de tierras en el continente africano, principalmente, que contengan recursos de agua. 
Preservación en vez de restauración

Si en la próxima década no se toman medidas, el calentamiento global podría ser irreversible, y una de las principales consecuencias será la escasez del agua. A esto hay que añadir el uso desmesurado del agua y su creciente contaminación por la industria, el agro negocio y los centros urbanos. Aquellos países de mayor población y con mayor poder militar, ya están tomando medidas para controlar los recursos del agua a nivel mundial, y deberían considerarse como una amenaza real o por lo menos, una seria advertencia. La vulnerabilidad del agua en nuestros países, debe pasar a ser parte de nuestra seguridad nacional.
En todo caso, estas aproximaciones del Estado están enfocadas en la administración de los recursos hídricos y no en su conservación. Como lo verifica Juan Fernando Terán, catedrático de la Universidad Andina, en un estudio sobre la ecología del agua en Ecuador, “Hasta el momento, en Ecuador, los mecanismos de mercado actúan en un sentido contrario a la sostenibilidad de las funciones hídricas de los ecosistemas naturales…”[14]
Sofía Jarrín es una periodista de investigación que ha trabajado para varios medios independientes norteamericanos, como Free Speech News Radio, Z Magazine, Upside Down World, y Democracy Now! En el Ecuador trabajó para ALER Satelital y la Radio Pública del Ecuador.

Referencias, ver nota original.