Municiones de Uranio : La Etica en Kosovo….


Siempre se ha hablado de si una guerra es justa o no, necesaria o no.  Y mas alla de las necesidades de la independencia o defensa, que se zanjan racionalmente y todos comprendemos, queda siempre la cuestión ética y moral en la guerra. Carnicería humana. Limpieza étcnica y miles de cuestiones que podrían debatirse. Yo solo quiero exponer una, para iluminar una vez mas y dar a conocer con qué ética y moral se maneja el guardián del mundo, el vigilante de todos nosotros, ése que se dice paladín de la democracia y la libertad . El caso ocurrió en Kosovo. El relato es textual del marino italiano enviado en las Fuerzas de Paz a esa región.

“Los norteamericanos diseminaron bombas de uranio, sin estallar, por todo Kosovo. Sabían perfectamente los riesgos que suponía el uranio, dejándonos a nosotros, los italianos, en las zonas de alto riesgo. He visto en Djakoviza a soldados estadounidenses que manejaban simples cajones con municiones con uniformes como de astronautas”, contó Cannizzo a Il Fatto Quotidiano. Eran nueve militares en el grupo de Cannizzo, cinco de los cuales se enfermaron de cáncer. “Uno de mis hermanos del batallón murió hace poco y dentro de tres meses me tocará a mí. Y después a otro, hasta que nos moriremos todos y el Estado habrá ahorrado millones.” Sobre el sentido de la guerra en Kosovo agregó: “Una guerra injusta, nacida sólo porque los norteamericanos debían hacer una guerra”. Contó además que “los italianos estaban solos en Djakoviza porque los norteamericanos, que la bombardeaban sistemáticamente, residían en otra ciudad cercana. A menudo las bombas no estallaban porque no tenían los detonadores. Y esta acción tenía una finalidad: que los norteamericanos pudieran renovar su armamento. Las bombas tienen, en efecto, una fecha de vencimiento, después de lo cual hay que eliminarlas con procesos que cuestan fortunas. Tirándolas, aún sin detonadores, se evitaban ese proceso. Perjudicaban a todos los que andaban cerca, militares y habitantes, pero servía para que pudieran comprar nuevo armamento, alimentando así el negocio de las armas a nivel internacional”, explicó. Dijo estar convencido de que el vértice militar italiano sabía lo que estaba sucediendo.

Salvo Cannizzo,  sargento del Regimiento San Marco,  se enroló en la Marina porque necesitaba dinero y quería comprarse una casa. Recibía 2000 euros de sueldo más 72 dólares por día cuando estaba en misión. De 1999 a 2001 estuvo en Kosovo cuatro veces. Cumplió 17 años de servicio y se retiró en septiembre de 2011, cuando el tumor, del que creía haberse curado, se manifestó nuevamente. Aunque recibió medallas y el grado de sargento por su valor, hoy vive en Catania (Sicilia), con una miserable jubilación de 800 euros con los que debe pagar el alquiler de la casa donde vive con su segunda mujer, el dinero que les pasa a sus dos hijas del primer matrimonio y los gastos médicos.