Relato corto #1 : Enlazadora de Mundos


Con esta entrega comienza la serie de relatos cortos como una aproximación al conocimiento a través del arte, que en este caso, trata de ser literario. Podrían clasificarse estos relatos dentro del realismo mágico. Se usa la primer persona, en tiempo pasado, y un diálogo auto-reflexivo. Comenzamos, hoy le toca al Enlazador de Mundos, o la Muerte (Keme en maya, Kimi en yucateco).

ENLAZADORA DE MUNDOS (#1)

Melisa -la médium- me aviso sobre mi muerte esa noche. Yo apenas si pude notificar  a mis familiares -para despedirme-. Entonces, inmediatamente, comencé a morir una y otra vez. Unos monstruosos elefantes me pisaron la cabeza con sus enormes patas. Mi cráneo estalló como en pedazos de cerámica, una y otra vez, y la sangre manó como si el piso fuera un lienzo, y yo su rojo carmesí . A la tercera vez que sucedió así, morí. Y mis ojos vieron una realidad diferente.

 

En esa otra realidad, yo era un médico en un hospital, en la ciudad de Rosario. Y me asfixiaba,  no podía respirar. Me caía de rodillas, me arrastraba como un perro jadeante, agónico, suplicante, moribundo, hacia la puerta de cristal. Pero caí. No la pude abrir. Mis manos se posaron en el piso sin fuerza. Llegaron los paramédicos con otros 3 cadáveres en camillas. Alguien dijo que “fueron 5 los casos que murieron por el mal estado del producto deportivo” -que injerimos-. Y morí. Morí 2 veces. Y a la tercera todo volvió a cambiar.

 

La realidad luego era en un aeropuerto. Estaba yo sentado en el hall de acceso al avión, como todos los demás pasajeros que ya habían hecho el check-in, y junto a mi esposa, Liliana,  y mi hijo, Nicolás. Sentí que no podía respirar. Y me desvanecí 2 veces. A la tercera morí. Me sentí tranquilo que tenía un seguro de vida por cien mil pesos para dejarle a mi esposa. Y acompañé a mi hijo por un tiempo más. Luego escuché que él le decía a mi esposa -quien lo llevaba de la mano- “Al principio podía verlo, pero luego ya no” y con lágrimas en los ojos seguían su camino. Yo seguí el mío con mis propias lágrimas. No podía hacer nada. Y escuché el sonido de como todo se empezó a resquebrajar, como el cristal. Y no hubo más memoria de mí,  solo el sonido de cristales rotos. Olvido . Silencio. Nada.

 

Cuando desperté, eran las 3:45 am. Nada. Silencio. Olvido. Melisa ya no existía. Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas. Al principio podía verla, pero ahora ya no.