Relato Corto #5, “1034”


Siguiendo con la serie de relatos cortos yá inaugurada, ahora le toca a la Semilla (Qanil en maya, ó Lamat en yucateco), otro sello solar dentro del Calendario Sagrado Maya (Tzolkin). Realismo mágico, tiempo pasado, y primera persona. “1034” es el título del mismo. Creación, regeneración. Creer en sí mismo. Trae la información de la vida.

“1034”

  En lo alto de la plataforma, una construcción de madera de mas de 30mts de alto, yo estaba de pié y tenía mis tobillos atados a una soga de yute. Un salto hacia el vacío probaría mi valor en la tradición a la que pertenecía  Tradición  herencia, linaje. Miré hacia la jungla que rodeaba toda la plataforma. Miré luego hacia abajo , frente y recto desde mis pies hacia el suelo. Pegué mis brazos al cuerpo y me dejé caer, oliendo el olor de mi selva verde.   Cerré los ojos en la caída. 
  Y esperé el golpe. 


  Fue un tirón hacia arriba, que me hizo abrir los ojos, solo para comprobar que la soga se habia enganchado en un borde saliente de un travesaño de la plataforma a medio camino, que ese atoramiento había hecho girar mi caída hacia un costado y no en linea recta, que ese costado era en sentido de las agujas del reloj, y que golpeé mi espalda contra los postes.   Y me balanceaba ahora en la plataforma, de un lado hacia otro. 
  Y me bajaron luego, de a poco. 
  Y yo miraba hacia mis pies que apuntaban al cielo. 
  Al desatarme la soga de los talones, alguien dijo que me “ había girado hacia el lado de los judíos”. Que debía buscar pues una respuesta allí, en esa tradición. Otro agregó, “1034” , mil treinta y cuatro. Ignoro aun hoy a que se refería, si a una medición de tiempo en segundos, o a otra de metros recorridos (imposible!) , o una cifra acumulada de otra medida. O qué.
  Y me mandaron a casa de los sefardíes  Una familia judía de cabalistas, de origen español. Eran tres (3), el hijo, el padre y el abuelo. Tres varones.
  Con ellos, a buscar la cifra “1034” en algún libro.
  Allí fuí, allá y entonces.

  El padre dijo : “¿1034? Pues eso me suena al libro de Gilgamesh” – agarró un libro y comenzó a leer un párrafo en voz alta, y maldita idea cabalista, un demonio del inframundo surgió delante de la ventana frente a él, atravesó la misma en un abrir y cerrar de ojos, y devoró su cabeza. La sangre pintó las paredes y no dejaba de brotar, como fuente recreativa de plaza, desde su cuello cercenado. Su cuerpo, de pié ,empezó a caer luego unos segundos, lentamente.   Indescriptible. 
  No hay palabras humanas para describir semejante engendro asesino. 
  No puedo. 
  No quiero. 

  Luego, el demonio mutó, adquirió una forma mas reconocible por mi mente, una especie de topo antropomórfico  de cabeza enorme y colmillos cuadrados, mas similar a algo erguido en dos patas , con dos brazos, y un torso. Y ropa de monje encapuchado, que se oculta tras una vestimenta de sombra espantosa. Con hambre voráz, apetito de sangre humana. 

  Y vino contra mí, caminando despacio, ciego, oliéndome.

  Tomé un libro sin poder dejar de mirar hacia mis manos -con tal de no mirar a esa cosa de frente- mientras mi cuerpo se erizó eléctricamente por tanta tensión.
  Un libro de tapas duras, color lapislázuli , celeste lapislázuli  antiguo  y tallado todo por fuera con letras en bajorrelieve plateadas, del alfabeto hebreo, y todo todo escrito también en hebreo por dentro. 

  
  Escuché que el judío mas joven, el hijo, dijo : “Es el libro del Árbol de la Vida” .   Y echó a correr.  Yo cerré los ojos e hice una oración en castellano que no recuerdo, al universo, encomendando mi alma o algo así. Y dejé de sentir la tensión eléctrica. 
  Volví a abrir los ojos. 
  
  Mis manos ya no sostenían ese libro, yo seguía sin saber leer hebreo, y solo recordaba esa cifra, pero no las formas de los demonios. Y quien era yo, eso tampoco lo sabia.   Solo sabía que cada vez tengo mas dudas, más preguntas, y menos respuestas. 
  Fue esa la primera vez que supe que tenía que buscar aquí y ahora esas respuestas para poder vencer allá y entonces. Y saber quien soy yo.

  Volví a mi selva.

Fiat Lux, Engendro #1
@ imágen copyright 2014 martin d cernadas

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