Relato Corto #6, “Dos Manos”


Proseguimos con la serie de relatos cortos. Es el turno del Hilo (Batz en maya, ó Chuen en yucateco), otro sello solar dentro del Calendario Sagrado Maya (Tzolkin). Siguiendo con el mismo formato de realismo mágico, en tiempo pasado, y primera persona. “Dos Manos” es el título , y quizas una posible forma de leer este glifo maya sea así como sigue, entrelazado, tejido en el tiempo, pre-histórico/presente/futuro, un mismo hilo eterno.

En lo profundo del océano, del inmenso océano, un megalodon pre-histórico, enorme tiburón devorador, ágil y fatal, vigilaba el acceso a un tesoro metálico e ígneo. Lo vigilaba sumido en un estado de frenesí psicótico, guardián enloquecido.

Un tesoro en lo profundo del mar. 

Su forma, de pentagrama.Su continuidad, entrelazada y llameante, en lo profundo del mar. 
Y al cuidado de semejante guardián.

Mi amigo -el que siempre me muestra cómo hacer estas cosas- tuvo que ser carnada él mismo, para que el monstruo se alejara del tesoro. Y cuando el megalodón -loco, frenético, enojado- iba tras él, pues simplemente él lo capeaba, y con un movimiento tan rápido como invisible, regresaba y tomaba el tesoro con su mano, solo para traérmelo de vuelta a mí.

Lo colocaba en mi mano. Y me hacía notar que ya no estaba, que ya había sido tomado antes, y su presencia de haber estado, era una huella estampada en mi piel. Una huella entrelazada, pre-histórica, tejida allí.

No conforme yo, y ante mi duda, él fué por otro tesoro.
Nuevamente, el juego de la carnada con el monstruo -loco, frenético, enojado-. 
Nuevamente, otro pentagrama ígneo y entrelazado, que deja en mi otra mano.
Nuevamente, tampoco estaba yá, sino su huella cicatrizada en mi piel. 

Entonces recordé esas lejanas palabras de mi abuelita Estefanía :

“Si haces un bien con una mano, despues tenes que poner las dos para recibir cosas buenas. Pero si hacés un daño con una mano, después las dos no te alcanzarán para defenderte”

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