Relato corto #10, “El nudo del carcelero”


Siguiendo con la serie de realismo mágico, hoy, los objetos “manos” vuelven junto a la Abuelita Estefanía, que reaparece en escena.

Mis manos estaban anudadas, esposadas, por lo que parecía una soga fortísima de yute o algo parecido, y mis muñecas permanecían en contacto una con otra. Era toda una escena preparada, una representación, una práctica a propósito para -justamente- entrenar mi propia liberación.

Entonces mi abuela Estefanía me dijo – “Darío, para liberar tus manos, vamos a practicar la técnica de llamar al hielo , del congelamiento. Vamos a congelar esas cuerdas que pasan por tus muñecas, para que una vez cristalizadas, puedas romperlas fácilmente.”Yo asentía ya que no tenía la mas pálida idea de como cortar sino estas esposas carcelarias. Agregó ella – “Pensá en hielo. Mucho hielo que corre por tus muñecas” – y una imágen de campo helado, de esos que se puede observar en la Antártida, vino a mi mente. Pero solo era una imágen, no pasaba nada en mis manos.
“Además de pensar, proyectá la imagen a tus muñecas, generando el hielo” – volvió a agregar. Cosa que hice, sin saber hacerla, ya que no tengo la menor idea de como es eso de proyectar (¿con qué? ¿cómo? ¿qué?) . Lo intenté 2 veces. Obviamente fracasando con total éxito.
“Darío, Darío, tu vida depende de esto. Tenés que congelar esas esposas para poder liberarte, ¿o querés permanecer así el resto de tu vida?” – me susurró al oído mi abuelita.
No se cómo ni porqué, pero me salió desde el estómago indolente una fuerza temeraria que frente a la perspectiva de pasar el resto de mis días en esta prisión, me daba asco. Mi proyección de la intención de generar hielo para convertir esas esposas en cristal y asi romperlas fué rotunda. Un temporal de hielo invadió mis manos, la soga se convirtió en hielo quebradizo y acto seguido rompí esas esposas con la fuerza de mis muñecas, escuchando un sonido como de cerámica estallando y haciendo eco contra el suelo. Estaba libre!


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