La Niña Verde


“Ambos cuerpos yacieron uno junto a otro en el mismo canal y esos dos seres que en la vida habian permanecido separados, se unieron en la muerte y formaron parte de la misma armonía cristalina. Las trenzas de Siloën, que flotaban en el líquido en que estaban sumergidos, se esparcieron sobre el pecho de Olivero como regueros de piedra y se mezclaron inextricablemente en el laberinto coralino de su barba”


La Niña Verde (The Green Child), Herbert Read.

Aprovechando el final de lectura de “La Niña Verde”, reflexionaba sobre el mito detras de la novela corta del autor ingles. El encuentro de la propia alma, en el viaje infinito, y tras nunca haberla encontrado , tras haberla olvidado durante décadas y décadas en la propia vida material, hasta un momento crucial, donde quien vive al fin reflexiona, y vé, que a pesar de todo, sigue insatisfecho, y nada logra saciar su vacío. Vuelve a las fuentes, en busca de su Siloën. La recupera de las garras del tirano de la infancia. La rescata. Y emprende su viaje sin sentido, alocado, inverso a la lógica, en las profunidades del inconciente, río arriba. En el mundo de ella, vive y aprende, y filosofa, y hace silencio, y muere finalmente. Mueren y se encuentran , porque los dos siempre fueron uno. Seres vivos, simbolos internos, que se hallaron en el ultimo llamado de la vida.