Relato corto #11, “El Testigo”


Esa mañana, me lleva Antonio a un descampado. Me habla de la realidad, de lo engañoso que resulta creer que lo que vemos es la realidad. Que existe un diseño, una fuerza, y luego la concreción en lo material. Pero que lo material no es la realidad verdadera. La realidad invisible, lo que no se ve, ésa es la realidad verdadera. Allí ya esta todo diseñado.

– ¿Como es posible ver lo invisible? — le pregunto yo.
– Vamos — y con un movimiento de su brazo , que extiende, mueve su mano agarrando el aire , y toda la luz comienza a irse hacia el punto de fuga en su palma, un punto aléphico, un aleph de luz, como un remolino de luz absorbido por ella.

De pronto todo es oscuro y denso, no se distinguen grises, no se distinguen sombras ni nada. Y comienzo a recibir un golpe tras otro.  Mi cara me duele, trato de cubrirme con los brazos, me golpean una y otra vez en mi estomago; me agacho, y ahora recibo directamente en la espalda; uno tras otro los golpes me van derribando y caigo finalmente al suelo, donde mi cuerpo se mantiene espalda contra el piso; mi cabeza yace de costado, mis brazos están como extendidos a los costados sin poderlos mover….. Creo que es Antonio quien me esta pegando.

Repentinamente algo frente a mis ojos es mas claro, no a nivel del suelo, sino a nivel del cielo. El cielo es lo mas claro, y tiene un color marrón oliva, con nubes y puntos negros. Una enorme serpiente lo surca de un lado a otro, raudamente. La serpiente, o dragón,  es magnifico. Vuela sin alas, tiene la visión desde arriba, y yo lo contemplo desde el suelo. Es el quien arroja los golpes, y caen como columnas que retumban al lado de mi cara, cara que debo mover para que no me peguen de lleno, y todo lo que puedo hacer -porque ni tiempo hay para otra cosa- es mover de un lado a otro mi rostro si no quiero ser dañado – es lo que me sale hacer, al menos, por instinto de preservación.

Es insoportable esta situación. Pasa el tiempo y solo puedo esquivar los golpes y no hacer mas nada. Mi mente me quema de no poder pensar en otro cosa mas que en esos golpes y como esquivarlos. Una hora, dos horas, el dragón vuela y descarga sin parar todos sus golpes.

Me pregunto que sentido tiene, por qué soy testigo de esto si no puedo hacer nada. Nada mas que seguir esquivando. Y esquivando. Y nada mas. ¿Algún día terminará todo esto? Pasan las horas.

Finalmente, y sin mediar aviso ni palabra, la luz aparece, la realidad se vuelve a formar, y me hallo otra vez frente a Antonio. Lo miro a los ojos al muy cabrón, y le espeto con la boca seca de furia contenida :

– No pienso volver mas allá si no me respondes primero esta pregunta -sin hablar me miró y esperó la sentencia- : ¿Cual es la función del testigo, si no puede hacer nada mas que seguir siendo testigo?

Antonio me miró y se sonrió con su sonrisita victoriosa, esa de alguien que ya sabe y conoce. Sabe que las nuevas preguntas conducen a nuevas respuestas. Tener preguntas es seguir siendo testigo, y por eso uno no esta muerto sino vivo.

 

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