Relato corto #12 , “El vuelo de la bruja”


Dentro de la serie de relatos cortos, ahora le toca el turno a ella. En tiempo pasado y en primera persona. “El vuelo de la bruja” es una confesión de lo que se siente ante algo inexpresable.

Helena -la medium- y yo estábamos sentados uno frente al otro, en sendas sillas. Me gusta compartir tiempo con ella, el poco tiempo que compartimos juntos. Fue en esa ocasión que me preguntó :

– ¿como sabés cuando una persona miente o dice la verdad?

– Es fácil -respondí- lo siento en todo mi cuerpo y entonces lo sé -me pareció raro, porque Helena ya sabía esto – la ví tomar nota en su cuaderno, y le pregunté – ¿Por qué?

– Porque no lo sé, estoy aprendiendo – me replicó sin levantar la mirada de lo que escribía. Cuando terminó de escribir, dijo – Vení, acostate en el suelo, panza arriba, con la cabeza mirando hacia allá y los brazos en cruz, y cerrá los ojos.

Allá era el Norte. Y así lo hice.

Ella hizo lo propio, colocando su cabeza junto a la mía, unidas crisma con crisma, con nuestro cabellos amortiguando el contacto. Imaginé que formábamos una cruz de dos, donde el centro eran nuestras cabezas. Nuestros miembros eran los extremos.

No sé cuanto tiempo pasó.

En un momento sentí su frente sobre la mía. Frente con frente, ella se había elevado, y colocado su frente sobre la mía. El contacto era cálido, dulce, suave, y gozoso.

No quería que se terminara ese instante. Solo ella y yo.

Tuve toda la intencion de decirle que me gustaba y que la amaba. En silencio, se lo dije en silencio, con el pensamiento.

“Sentí con todo tu cuerpo como te amo”

Pero no distinguí si ese pensamiento había sido mio . Lo sentía ardorosamente. Y me dí cuenta que ella estaba aprendiendo a sentir así. Al unísono, en todo el cuerpo podía sentirlo.

Pensé -eso sí, estoy totalmente seguro- en poner mis labios sobre los de ella, trayendole la carita con mis manos hacia mi rostro.

Y sentí una calidéz recorrer todo mi cuerpo, de la cabeza hacia los piés, como una ola. Ella percibía totalmente todo lo que yo sentía por ella.

Y me dí cuenta entonces.

De que estábamos en el aire…

…volando…

…o suspendidos…

… o quizás girando.

Trataba de percibir el entorno, y claramente me era imposible determinar el suelo, del cielo, o las direcciones, o el movimiento.

Me dí cuenta que la amaba incondicionalmente.

@ copyright 2015, martin d cernadas.