Relato Corto #15, El Primer Pensamiento fué Mujer


Yo estaba sentado en
mi silla, sobre la alfombra, en el porche de mi casa, tomando mi mate
de media tarde, mirando para no mirar la lejanía, como quien mira
las vacas en su campo. Entonces sucedió. Tuve un pensamiento.

El pensamiento era
ella, Helena, una mujer. Hermosa, de mi misma edad, y nos mirábamos.
Claro, dejé de tomar mate, para ofrecerle a ella, quien lo aceptó
sin siquiera pestañar. Con ambas manos agarró el cuenco, como si lo
acunara. Yo no podía dejar de mirarla a los ojos, y tuve que cerrar
mi boca que mantenía semiabierta.

Mi creación
alrededor se empezó a rebelar : Mi silla me empezó a molestar, era
incómoda. Un mosquito comenzó a picarme. El sol de media tarde,
plácido y agradable, volteó a candente mediodía en plena llanura.
Mi gata Catalina empezó a maullar pidiendo comida, y a fregarse en
mí para que le preste atención. Las puertas de la casa empezaron a
golpearse fuertemente por la inesperada corriente de aire. Un viento
norte soplaba y soplaba. Y los coleópteros empezaron a volar,
avisando de la lluvia inminente.

Helena me devolvía
el mate, acto seguido tomaba yo, volvía a cebar, y vuelta de ronda.

Mi creación yá
rebelada, optó por la acción subversiva contra Helena, ante lo
inútil del despliegue de celos contra mí. Catalina felina atacó, saltándole de lleno en el brazo izquierdo y mordiéndola. La
alfombra persa del porche la envolvió de cuerpo entero en
menos de un abrir y cerrar de ojos . Y el ombú de la creación, ese
ombú donde me refugiaba cada vez que llovía, extendió sus ramas,
atrapó el bulto arrollado del cuerpo, y se la comió,
engulléndola entera hacia el mundo subterráneo.

Salté
inmediatamente de mi comodidad, dí un pasó atlántico hasta el
ombú, y con una fuerza que ni Atlas se cree capaz, abrí las fauces
del árbol y me sumergí en el mar de los sargazos tras Helena, y me
importó un carajo el riesgo de perderme.

Elena (sin hache
ahora) era una prostituta en una ciudad cualquiera de cualquier ruta
comercial en cualquier época. Estaba sentada esperando cualquier
cliente, en el umbral de la puerta, en una noche de verano bajo un
inmenso cielo estrellado. Miraba a la luna llena que iluminaba su
cutis a pleno. Me acerqué, la abracé, la besé, le puse mi capa
sobre sus hombros, me senté junto a ella. Recién entonces me miró,
se sorprendió -con ojos increíblemente grandes- , e inspirando
abriendo sus brazos, me abrazó dejando caer el peso de su cabeza.

Fué entonces que mi
perro Cacique chumbó. Chumbo y chumbó. Chumbaba cuando la gente se
acercaba a la casa.

– Hola Darío, como
estas?
– Hola Helena, estoy
como puedo, matando a mates el tiempo.
– Siempre tan
poético vos, che.
– Ahora sí que se
puso linda la noche.

– Linda y viajera,
parece, no?

@ copyright 2015, martin d cernadas.
@ imagen Picasso, el Eterno Femenino