El laberinto sin centro


Decía Jorge L. Borges , aprovechando al vuelo la obra “Ciudadano Kane” (Citizen Kane) algo mas o menos así, en relacion a un hombre, que al final de su larga vida, de los sucesos inconexos, …

“…a través de las obras que ha construido, de las palabras que ha pronunciado, de los muchos destinos que ha roto. … comprendemos que los fragmentos no están regidos por una secreta unidad, que es todo un simulacro, un caos de apariencias, … como un laberinto sin centro. “

Y el terror de que el héroe (uno mismo sobre sí mismo) observe su laberinto sin centro, es horrendo.

Ese centro, yendo a contralínea del pensamiento borgeano, sería sí en cambio una unidad, una armonía, un núcleo alrededor del cual el héroe (uno mismo) construye sin intencion, no construye con la intencion, deja que sucedan los fragmentos como hojas de un árbol, no deja que que se fragmente su centro.

Me recordó al terror experimentado por los ex-combatientes, el síndrome post-traumático de guerra, de esos ex-soldados que veinte o treinta años después, aun son perseguidos por la culpa de los crímenes contra civiles (no militares), que obedecieron sin reflexion ni conciencia, que fueron uno mas de la manada de su pelotón, y que hoy, llegando al final de sus dias, es tan espantoso el miedo, tan traumático la disociación emocional-sentimental con los demas seres humanos, y su propia mente que no cesa de emitir pensamientos, que vuelven a viajar a los lugares originales de esas batallas, para buscar redención en los sobrevivientes, aunque sea, en un acto insuficiente, como soplar para hacer botellas.

Tal vez no sea necesario ser un ex-combatiente y haber asesinado civiles a gusto solo para practicar punteria y saber si mi fusil de asalto esta bien calibrado. Yo me imagino a mi mismo haciendo lo propio hacia mis adentros, matando con mi recto y firme “hommo racionalis” a todo asomo de diferencia, de diferente, de incomprensible, de compensible, de inutilidad práctica, de silencio, de mí mismo intentando ser.

Ese no hacer haciendo, ese laberinto con centro, lo intuyo como lo mas parecido a ser uno con la línea del horizonte, donde se puede ver uno de esos arbustos desérticos girar en la lejanía sobre su mismo eje, navegando la extension llana, viento en popa, a toda nada. Un cursor de su propia diáspora.

 

 

Créditos de re-edicion de la crítica de JL Borges, a JUS.