Relato Corto #19 – El Yerbero


Es el dia del viaje en tren, y estamos en la estacion todos los hombres del rey : León, Emiliano, y yo. Se deja oler el aroma de los eucaliptos, que la rodean, se escuchan los pájaros a estas horas de la tarde. Yo me pregunto si estos hombres saben a donde van, a quien van a ver, porque estan confiando en que yo los guíe. Se me mezcla el sentimiento de que me hayan confiado algo que no sé exactamente porqué, pero bueno, es mi trabajo al fin y al cabo.

Yá en casa del yerbero (por llamar asi a quien por años estudió y probó y aprendió de las plantas, desde sus raices hasta las hojas, pasando por las cortezas, extrayendo sus esencias, sus aceites,…) él me muestra un frasco, que acaba de bajar del estante detras suyo. De vidrio, y cerrada su tapa metálica, su etiqueta de letras ya borradas no me impide ver algo inverosímil : Un libro dentro. No puede ser, me convenzo, que mis ojos me engañen así. ¿Cómo es posible colocar un libro dentro de un frasco que cabe en la palma de mi mano? Me entrega el frasco, me dice que la semilla de almendra verde esta guardada dentro. Y yo tomando el frasco, con cuidado, desenrosco la tapa, la quito, y sumerjo mi dedo indice en lo que es un espacio interior de tierra, la cual remuevo lento, y sí, allí está la semilla de almendra, … ¿pero no es que había visto un libro? “¿Dónde esta el libro que acabo de ver?” le escupo anonadado en la cara mi pregunta. El yerbero simplemente baja la mirada, gira su cabeza de lado, y me responde algo que creí entender como “Es una semilla y contiene en su germen todo libro”, confirmando mi ignorancia .

Ellos a quienes traje conmigo presencian la escena. Parece que la semilla de almendra verde es algo que tiene su importancia (que claramente no comprendo si bien intuyo). En un esfuerzo automático, mi lengüa de pronto se ve invadida de ese sabor amargo, aceitoso, almendroso, verdoso. Esta bien, la acepto, sea lo que sea que la semilla-libro-frasco sea. Ellos no parecen alterarse, ni preguntarse nada, pero de algun modo estan participando como espectadores, dando el sí en silencio.

Después, ella, la compañera del yerbero, nos llama. Es artista, pinta al acrílico, al óleo y tantas otras técnicas. Nos muestra a todos tambien su arte, donde sobre un bastidor horizontal -puesto a su vez sobre una mesa- concentradamente pinta una forma que inicia en un centro, circularmente va abriéndose mas y mas, describiendo un caracólico devenir en su trazo. ¿Como era el nombre de esa figura? !Espiral , espiral, espiral, bendita memoria! Luego , con el espiral hecho, va dejando caer agua para difuminar sectores y soplar con su boca para correr más las gotas aún húmedas. Pasa facilmente una hora sino más. Parece que ella no tiene nada mejor que hacer en el mundo, que dedicarse a esta enseñanza con todo amor por su parte. Digna compañera del yerbero.

De nuestra parte, quiero decir, mía, o sea, tambien de mis clientes (ellos a quienes conduje hasta aquí) parece que estamos satisfechos. Es muy grato todo esto de no saber porque ni como uno termina aprendiendo cosas que jamás tuvo la intención de hacer, pero tal vez sea por esa misma razon, que fortuitamente uno se las topa y las acepta.

Asi que tomamos nuestro té serrano, de melisa y poleo, junto a nuestra porción de torta de queso crema con esencia de lavanda. Sí. ¿Qué mas se puede pedir?

almendras

(@) Copyright 2015, Martin D Cernadas