Diálogos al Pasar #3 Lo lamento (o ‘Porque te quiero te aporreo’)


Ella  – Me peleo con los hombres que me gustan. Los rechazo, los alejo, para que no me calienten, y no sentirme con ganas de … comérmelos.

Yo – ¿Eso significa que te vas a pelear conmigo?

– No, con vos no. Me gusta charlar con vos, sí, pero sabes que no es físico lo que siento hacia vos.

– Te estoy boludeando.

– Pero me lo preguntaste igual. Ya sabes también que no va a pasar nada físico entre vos y yo.

– Ambos lo sabemos. Pero siempre tenés esa necesidad de marcar el límite con tus palabras, como las leonas lo hacen con su meo en el territorio , así :  lo físico volcado en las palabras.

– Escapo de mi físico porque no quiero atraer hombres.

– Lo sé, por eso sos como sos. [la señalo]

– ¿Soy cómo? [asombro a su cuerpo]

– Anoréxica diría, puro hueso. Pareces la novia de Popeye.

– Soy flaca, niego mi cuerpo, sí, niego mi sangre, sí. No quiero sentir otra vez un hombre violándome!

– ¿Pero si sos vos la que quiere? ¿Nunca te pusiste en el otro lugar?

– ¿Si soy yo la que quiero cogerme un tipo?

– Si sos vos la que quiere sentir. Con un hombre. Aunque claro, puede ser también una mujer.

– No soy lesbiana, Darío.

– Vuelvo : Pero sos vos la que sí siente, y rechaza. No lo rechaces. ¿Qué te pasa?

– Pasa que me caliento! Me excito, me mojo. Y no quiero fantasear, porque me excito mal. No me gusta, no quiero. Parezco una cualquiera.

– ¿Serías una cualquiera porque … te excitás? Te gustan los hombres, te desubican que te exciten, y volves entonces a tu mundo seguro, intelectual, conceptual, lleno de mente, donde no hay palabras húmedas?

– Pero entonces, cómo le explico a un hombre que quiero estar con él pero que por favor me tenga paciencia?

– Así.

– ¿Así? ¿Y no vá a salir corriendo?

– Siempre hay un hombre adecuado para cada ocasión.

– ¿Y cómo saberlo?

– Es fácil : te hace reír, te escucha, y no solo a vos sino a muchas otras mujeres que le cuentan sus secretos. Como éste que vos me contás a mí. Y además tiene paciencia – no como yo.

– ¿Existen?

– Puf !

– ¿Decís que voy a poder contarle mi mundo, que me escuchará, y que cuando me caliente mal , me tendrá paciencia, y que voy a poder venirme por primera vez?

– Bueno, ese tango se lo vas a tener que preguntar a él.

– ¿Y si no quiere?

– Lola – mento.

– Ahora te odio.

 

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Lujuria-Rodin