Relato Corto #21, Sarandi City


Recuerdo estar sentado en el jardín de la casa de los abuelos, sobre el cordón circular que separaba las hortalizas del pasillo, mientras mi abuelo regaba sus lechugas. El agua cayendo en forma de nube de lluvia de gotas finas sobre las hojas, producía un murmullo ambiental que me hipnotizaba. Yo me tomaba de las rodillas y solo miraba las gotas caer en su ópera fresca de verano, deseando que ese estado de inmersión no terminase nunca. Respirando tierra mojada. Sintiendo la sombra contra el calor agobiante.

Tal vez ese mismo sábado había partido del Nacional B, e íbamos con él a ver al Arse a su cancha, un montón de fierros con tablones asmáticos, y toda la barrabrava presente. Cantaban su canto de guerra, que no era maorí pero metía miedo igual : “Estamos todos, somos treinta y tres, lavense el culo que los vamos a …..” .

¿Qué tendría yo? Cinco, seis años? Mas tarde, ya de doce años, ése mismo abuelo me contaba sus alucinaciones aunque ya volteado sobre su cama : “Mirá los barriles de petróleo, qué hacen aquí, que no están en el barco?” . Decía eso mirando al techo, hacia la lámpara de cristal. Fueron las consecuencias de intoxicarse durante cuarenta años con el tabaco. Los roles se habían invertido , y ahora era yo el que lo agarraba de la mano, no para ir a la cancha, sino a la cama a dormir.

La tradición marinera terminó con él. Tuvo la suerte de tomarse el buque al otro mundo, e irse donde sí había barcos seguros (que no estallaban en Dock Sud) , donde el dinero sí alcanzaba (y no había que emigrar a países extranjeros como Argentina) , donde al pescar se sacaba bacalao (y no mojarritas y dientudos de la Saladita), y donde hay montañas con flores (y no un llano monótono).

Yo crecí. Y todo se jodió, evidentemente. El país y yo. Raul Ricardo renunció, vino la restauración conservadora y liberal. Luego llegó la secundaria, la bandita, la banda, el puterío, los porreros, los dealers, y los atracos. Para tener mas güita para tener merca para tener minas. Y así.

Un día cayó la yuta. (¿21 años yo?) Cuatro SIDE dentro de un Falcón verde. De noche, y en la puerta de mi casa. Yo llegaba de levantarme un camión. Querían el 50% del botín y solo me harían una causa menor. “No se de qué me hablan, envidian lo que imaginan” .

Me sacaron a pasear. Yo les vendí mi inocencia a un precio que no entendían. “Yuta de mierda, son cosas mías!” fue mi último grito de guerra. Yo estaba re-puesto. En mi alucinación creí que uno contra cuatro era una buena proporción a mi favor.

Lo siguiente que recuerdo es la luna . Ésa. La que estoy mirando ahora a través del agua, y de la sombra del puente sobre el que pasan esos automóviles con sus luces. En una inmersión, escuchando el murmullo del arroyo pasar sobre mí. Sigo esperando ese barco que me llevará al extranjero. Aquí en el fondo del lecho del arroyo Sarandí, y con tanta agua encima, la suerte no está de mi lado.

 

@ Copyright 2015, martin d cernadas. SafeCreative + depósito que marca la ley argentina.

@ imagen William Turner, Fishermen at Sea

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