Relato Corto #23 Torrontés Tardío (…o el Aikido del Borracho)


Son las cuatro de la mañana en la norteña ciudad de Cafayate, Salta. Estoy durmiendo en el living de la casa que nos recibe durante esta visita, acostado en el colchón inflable improvisado, y al lado mío esta mi compañera.  En las provincias, y más en los pueblos tradicionales como éste, la costumbre es no tener rejas en las ventanas, y dejarlas abiertas en verano. Y tampoco cerrar la puerta con llave, ni siquiera durante la noche. La hospitalidad viene primero, porque el corazón es grande.

Esta noche estival es muy calurosa, y acaba de finalizar una jornada del Festival de la Serenata, de pura música folklórica, mucha cerveza, mucho vino, y baile en toda la ciudad. Llevo durmiendo, digamos dos horas. De pronto, ruidos toscos, secos, pesados, picaporte que baja, puerta que abre, y un desplome de peso muerto cae al lado mío, en el colchón que estaba reservado para otro huésped, apenas a un metro de mí. Un vaho alcohólico inunda la habitación.

  • ¿Quién entró haciendo ese escándalo?  – me pregunta ella
  • No lo sé, alguno que se puso en pedo    – le respondo, y me levanto a cerrar la puerta que dejó entreabierta.
  • Debe ser el sobrino de la dueña tal vez.
  • Será. Quien sabe.
  • Está re mamado el pobre, se venía cayendo mientras iba al colchón, se tiró en seco y empezó a roncar, ja! Que baranda!
Más luego, a las nueve de la mañana, la huésped que tenía reservado el colchón, y que debía haberse acomodado allí, me despierta con un buen día y pregunta :
  • ¿Y ese quien es?
  • Si no lo conoces vos, nosotros menos. Entró de sopetón y se tiró en seco allí, en tu colchón.
  • Menos mal que no estaba acostada yo cuando se tiró!
El bodoque alcohólico seguía en la misma posición que había caído, de costado derecho. Le acomodé las piernas porque estaban cruzadas, no sea cosa que encima, se entumeciera. A las diez de la mañana, la dueña de casa asoma, y pregunta :
  • Buen día ¿Y ese? ¿Quien es? ¿Amigo suyo?
  • Ah bueno, si no lo conoces vos, nosotros menos. Pensamos que sería un sobrino tuyo.
  • No qué voy a conocer a ese, está borracho!
  • Abrió la puerta a las cuatro de la mañana, entro cayéndose, y menos mal que estaba el colchón…
  • Lo quiero fuera a ése, sáquenlo! -dijo finalizando la hospitalidad provinciana que sí conoce de límites etílicos, afortunadamente.
Le apoyé mis manos en sus hombros, lo sacudí levemente mientras le hablaba diciendo “Eh , despertáte” , sin amabilidad por cierto y con firmeza. Nada. Ni señas. “Eh vamos, despertáte, esta no es tu casa”. Frase mágica para toda cuba, parece : “casa”, “no” , “es” …. “casa no es” ….
Cuál extraterrestre que enlazó con su planeta de origen al escuchar esas palabras clave, abrió los ojos, se incorporó solo, nos miró y nos preguntó dónde estaba. Le dijimos que no estaba en su casa.
Encima el mamado discutía con la dueña (la dueña!) , en términos absolutos.
  • Esta es la casa de María -dijo él.
  • Esta es mí casa, y yo soy la dueña, y no me llamo María. Así que ándate.
  • Pero ésta es la casa de María, a mi me trajo……. (pausa, cinco segundos…..)
  • Acá no hay ninguna María. ¿Quién te trajo?
  • Mis amigos me trajeron (pausa, cinco segundos) … tengo el nombre en la punta de la lengua pero no me sale, che. (otra pausa, cinco segundos)
  • Andáte – dijo la no-María.
Y así dos, tres minutos. La dialéctica extremistra de No-María con ET había entrado en loop, en ciclo infinito. Y entonces tuve mi inspiración! Sí! Los amigos eran los culpables de todo esto! Sí!
  • Aaaahhhh -léase un tono jocoso de vil encantador de serpientes y cizañero cruel, estafador viejo y peludo- entonces tus amigos te engañaron! Y se deben estar matando de risa en tu casa en estos momentos! Pero que guachos que son, che!  -véase mi carita de hijo de meretriz afirmando hacia arriba y abajo …sí, sí, nunca contradigas a un loco, ni a un borracho-
Sus ojos brillaron, mi aikido para borrachos, trasladando la fuerza a otro lugar para que siga su curso natural, había funcionado.
  • Uhhhhh, perdón, te pido perdón, ya me voy -no podía caminar casi-, ya me voy. ¿Pero para dónde es mi casa? -lo guié del brazo hasta la vereda, le señalé cualquier esquina, y se marchó.
Detrás de escena, entre bambalinas, muchos se reían contenidamente -que mal reírse del pobre choborra, ché, que fue engañado por sus amigos!- . Marche un torrontés tardío para mí!
 
borracho

El borracho, de Marc Chagall