Relato corto #11, continuación en versión “Spaghettis bolognesa”


(Es la continuación del relato #11 El Testigo y su derrotero final culinario)

Entonces, cuál es la función del testigo? Conocer? Ser conciente de lo observado y de él mismo? De que eso y él son lo mismo? Del Todo? De que existen? Eso es?

Mi mente racional rápidamente quiere llenar el vacío de la respuestas, el control de la realidad se hace imperioso para ella, y a una velocidad de rayos, traza relaciones que llenan los vacíos. Miedo a no saber, al caos del no saber, del no poder poner en un concepto lo que está pasando.

“El testigo y lo observado son lo mismo” ya lo dijo un monje zen hace mucho tiempo. Por eso, mejor voy por la mía.  Respiro, una vez más relajo mi diafragma llevando la respiracion al hara, me apoyo sobre mi isquiones en el suelo, vuelvo a colocar mi espalda derecha. Siento la nada, nada, no hay nada. Un vacío total y pleno. No soy mas que el producto natural de la Naturaleza. Una instancia en su clase, un objeto de los moldes y diseños naturales. Mis fuerzas limitadas y concentradas en esto que soy, como tambien podria ser un ratón, o un gato, que mas dá? Spaghetti tal vez. Sí.

Soy como ese spaghetti que se cayo fuera del plato, mientras el cocinero volcaba el contenido de la olla hirviendo a traves del colador. No puedo pretender ser otra cosa mas que esto. Hidratos de carbono saborizados. Energía rápida, sabores diferentes.

Los spaghettis que son amasados por una máquina, no tienen punto de comparacion con los amasados a mano por un ser humano -digamos una abuela-, bien caseros y con amor. Saborizados con su concentración, dedicacion, intencion, y energía. Si a mi vida la amasase una máquina, mecánicamente, carecería de sabor. Si lo hiciera con mis propias manos y recursos, con amor, dedicacion, energía, conciencia, caseramente dentro, sería muy distinto. No sería de ninguna manera una puta masa desabrida e insabora.

Esa sería la diferencia entre una instancia de su clase, con cualquier otra. El sabor del plato. El plato que se comerá la Muerte el último día.

Esa sería mi funcion del testigo, entonces: Sazonar los spaghettis, ser el propio cocinero que prepara su plato.

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