Relato Corto #24 “Dejame el gusto de irme andando en bici” (II/III)


II de III

 

Sopla el viento cada vez más frio, las nubes oscuras y cargadas ya tapan las cumbres de los cerros. La hojarasca se arremolina en el suelo desnudo de tierra y hierbas. El olor a artemisa impregna el campo de hierbas medicinales que empezaron ya a preparar el otoño.

Carmen, la cultivadora del campo, me relata ese día, cuando empezó todo esto del cultivar hierbas medicinales.  Hoy es un campo maduro que lleva dos décadas de trabajo. Estoy escuchándola en este preciso punto de su relato: El por qué lo hizo.

A la sombra, mientras charlamos, ella me dice

  • Me senté ahí, debajo de aquella ventana, al sol, y en silencio. Una voz interior, mía, me dice ‘¿Qué querés saber?’ .

Yo le respondo ‘Nada‘.

Pero con firmeza mi voz interior me vuelve a preguntar lo mismo.

Entonces busco profundo.

‘Quiero saber cómo se curaba la gente al principio, cuando no había médicos’.

Veo a Carmen. Septuagenaria. Sus últimos veinte años los dedico a las hierbas, y a nada más que a eso. Cuando busco en todo su relato los porqués, solo veo que el anhelo de la vida es superior a toda limitación material, de instrucción, de obstáculos que pondrán otros para que esto no prospere.  Veo al campo, es otoño pero esta con flores aun.

  • Todo está en cambio permanente”.

La vida supera las limitaciones de la estructura, y las hierbas medicinales prevalecen y se adaptan hasta donde parece imposible. Se olvidó de sí, y de los sentimientos de una pareja a su lado, se olvidó de lo propio. Respeto su decisión mientras observo sus dedos deformados de tanto trabajar la tierra. El viento sopla frio, frio, trae aromas, palabras. ¡Mientras me voy me dice “Buen viaje” – ella a mí me dice “Buen viaje”! – Le respondo lo mismo. Lo vamos a necesitar.

 

Ella tiene el gusto de irse recuperando lo antiguo. Yo tengo el gusto de irme con el olor a la tierra húmeda, trabajada. El frio del viento otoñal en la cara y el cuello despejado. El olor a moxa. Manos resecas. Sierras. Soledad. Eucalipto. Aguaribay. Silencio. El anhelado adiós sin apego. El sonido de las hojas bailando con el viento allá arriba en la copa d los árboles lejanos. Cielo abierto.

 

(crèdito a Dèbora por el ùltimo pàrrafo tan bien sentido).